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11 de octubre de 2012

Noche (2010)

Me dejé el fuego y los enigmas en el fragor de la noche. Su nombre, sus ojos en sombra, su boca interrogante y aquel botón —sobre todo aquel maldito botón de su blusa— dejaron de atormentarme tras el último trago. Porque sabía que esos pasos siguiéndome hasta el baño serían suyos. Sabía que un cerrojo oxidado y mudo nos concedería otra piel unos minutos, y ese sabor a placer y olvido de las bocas anónimas, y ese bendito anonimato sin apellidos ni edades ni compromisos que tan bien conocía a esas alturas (lo cierto es que había aprendido a admirarlo).

Buscábamos lo mismo, me lo chivó el cigarro muy bajito con su tercera mirada, desvaneciéndose al acto el misterio y las palabras. Ya sólo fue alcohol, protocolo nocturno y ese frustrante botón.

Tristemente intuyo que no habría sonrisas, ni tan siquiera molestia por fingirlas con la puerta ya cerrada y las manos impacientes. Supongo también que no tardaríamos en callar ese silencio hiriente con los besos, porque querríamos consuelo, no verdades, y el silencio es a menudo demasiado sincero.

Quizá —quién sabe— me dijera adiós con un beso más largo y un breve vistazo. Da igual. Con despedida o sin ella, no tengo reproches. Nos entendíamos. Y por supuesto, sabíamos de antemano que hoy el despertar sería amargo: amnesia, cefalea, y una soledad abrumadora.

1 comentario:

  1. ME CORRO.
    Sobre todo con la F de Fuerza del final.
    De los mejores, diría.

    Te quiero en el próximo recital - enero 2013.

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