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3 de octubre de 2012

Grandes noticias en pequeños sitios (2010)

Mil tristezas llega a mí de pronto desde el fondo de una lágrima, en el bar de cada viernes.

Llega el violín primero y se enreda entre el bullicio. Acaricia la tensión. Se desliza mansamente por el humo estancado. Viene después la guitarra y se encaja en mi garganta, y presto duelen las cuerdas así que me callo. Contrabajo, piano, batería… y se monta una clímax digno de Almodóvar.

Yo me limito a escuchar, pasmada —Malikian en mi espalda y a unos metros de mí, mi vida—, y me asombro de lo raro de la escena: un bar de barrio con servilleteros de Coca-Cola y en una hojita arrugada, menú del día.

Definitivamente, cualquier lugar es apto para el drama.

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