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22 de octubre de 2012

Escapando (2011)

Escueces todavía, muchas noches y alguna que otra mañana, cuando adivino tus ojos en el techo de mi mundo y te miro mirarme. Este techo sombrío y áspero que me trae el pasado en tus arrugas y me aleja un instante de mí misma. Mi guarida. Mi tormento.

Me viene a ratos, sólo a ratos, el olor de la escapada, cuando cierro las puertas con tiento y los ojos con fuerza, y la boca y los puños y el corazón con escarcha. Pero escarcha de invierno que abriga, y abriga digan lo que digan. A mí me templa con recuerdos de otros años, que por ser pasados, por eso del estúpido autoengaño consentido, son mejores, como lo son también los que están aún por venir. Presente sucio, efímero, olvidado.

Pero la memoria si es bonita sólo templa, no calienta, que a mí el calor sólo me llega cuando duele. Cuando entre todo el caos, el sexo, el egoísmo, entre la lucha, el teatro y las mentiras, entre las risas sinceras y fingidas, hay pinchazos. Y la aguja se evapora entre tus manos, porque estos meses te ha tocado ser mi héroe. Y sonríes, me sonríes, más real que lo real por un segundo.

Así es mi vida ahora, aquí y en este año. Así me paso los días. Escapando. Del mundo contigo o de ti con el mundo. O de ambos, viajando con mi cabecita loca, en los pocos descansos, por un futuro abstracto en el que un canal de Ámsterdam me tienta enormemente.

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