Etiquetas

28 de noviembre de 2012

Su pelo

Se coloca el fuego detrás de las orejas,
que a ratos le quema y así está más cómoda…
Ese fuego rojo que le envuelve los gestos,
rojo fuego de la sangre y lo salvaje.

Injustamente le dicen caoba
―a veces le dicen y le diría yo a veces―
cuando aparece grave y disipado vagamente
por un misterio mudo que sólo sabrán sus ojos.
O su boca más seria, o su hablar distante,
o su oreja quemada y aún resentida.

Pero en mi memoria rojo;
es rojo sin duda.
Y es ahora aquí y no en otra parte.

Ese fuego, su alma;
su esqueleto, las yemas
de sus dedos cansados moldeando las llamas
a estas horas inciertas, para que no caiga

hasta que caigan los otros, y hasta las horas mismas.

26 de octubre de 2012

Tregua

Luz de fuera indefinida y sin mensaje.
Silencio gris que la cubre.
Yo observando el espectáculo sin nombre,
sin palabras,
que es la vida esta mañana.

Vibran pálidas las hojas en el parque
tras la firme autoridad de los cristales,
y susurran al inmóvil escenario
secretos,
peligros que me acechan
desde algún lugar que no está lejos.

Hoy no entiendo lo que dicen.
Y no temo.

No pretendo absolutamente nada.

22 de octubre de 2012

Escapando (2011)

Escueces todavía, muchas noches y alguna que otra mañana, cuando adivino tus ojos en el techo de mi mundo y te miro mirarme. Este techo sombrío y áspero que me trae el pasado en tus arrugas y me aleja un instante de mí misma. Mi guarida. Mi tormento.

Me viene a ratos, sólo a ratos, el olor de la escapada, cuando cierro las puertas con tiento y los ojos con fuerza, y la boca y los puños y el corazón con escarcha. Pero escarcha de invierno que abriga, y abriga digan lo que digan. A mí me templa con recuerdos de otros años, que por ser pasados, por eso del estúpido autoengaño consentido, son mejores, como lo son también los que están aún por venir. Presente sucio, efímero, olvidado.

Pero la memoria si es bonita sólo templa, no calienta, que a mí el calor sólo me llega cuando duele. Cuando entre todo el caos, el sexo, el egoísmo, entre la lucha, el teatro y las mentiras, entre las risas sinceras y fingidas, hay pinchazos. Y la aguja se evapora entre tus manos, porque estos meses te ha tocado ser mi héroe. Y sonríes, me sonríes, más real que lo real por un segundo.

Así es mi vida ahora, aquí y en este año. Así me paso los días. Escapando. Del mundo contigo o de ti con el mundo. O de ambos, viajando con mi cabecita loca, en los pocos descansos, por un futuro abstracto en el que un canal de Ámsterdam me tienta enormemente.

11 de octubre de 2012

Noche (2010)

Me dejé el fuego y los enigmas en el fragor de la noche. Su nombre, sus ojos en sombra, su boca interrogante y aquel botón —sobre todo aquel maldito botón de su blusa— dejaron de atormentarme tras el último trago. Porque sabía que esos pasos siguiéndome hasta el baño serían suyos. Sabía que un cerrojo oxidado y mudo nos concedería otra piel unos minutos, y ese sabor a placer y olvido de las bocas anónimas, y ese bendito anonimato sin apellidos ni edades ni compromisos que tan bien conocía a esas alturas (lo cierto es que había aprendido a admirarlo).

Buscábamos lo mismo, me lo chivó el cigarro muy bajito con su tercera mirada, desvaneciéndose al acto el misterio y las palabras. Ya sólo fue alcohol, protocolo nocturno y ese frustrante botón.

Tristemente intuyo que no habría sonrisas, ni tan siquiera molestia por fingirlas con la puerta ya cerrada y las manos impacientes. Supongo también que no tardaríamos en callar ese silencio hiriente con los besos, porque querríamos consuelo, no verdades, y el silencio es a menudo demasiado sincero.

Quizá —quién sabe— me dijera adiós con un beso más largo y un breve vistazo. Da igual. Con despedida o sin ella, no tengo reproches. Nos entendíamos. Y por supuesto, sabíamos de antemano que hoy el despertar sería amargo: amnesia, cefalea, y una soledad abrumadora.

3 de octubre de 2012

Grandes noticias en pequeños sitios (2010)

Mil tristezas llega a mí de pronto desde el fondo de una lágrima, en el bar de cada viernes.

Llega el violín primero y se enreda entre el bullicio. Acaricia la tensión. Se desliza mansamente por el humo estancado. Viene después la guitarra y se encaja en mi garganta, y presto duelen las cuerdas así que me callo. Contrabajo, piano, batería… y se monta una clímax digno de Almodóvar.

Yo me limito a escuchar, pasmada —Malikian en mi espalda y a unos metros de mí, mi vida—, y me asombro de lo raro de la escena: un bar de barrio con servilleteros de Coca-Cola y en una hojita arrugada, menú del día.

Definitivamente, cualquier lugar es apto para el drama.

22 de septiembre de 2012

Resurges

Resurges. Naturalmente, porque en realidad nunca has muerto. Y de pronto el susurro de esta arena me agarrota los sentidos. 

Acúname, bésame el alma unos instantes mientras esta brisa antigua me sople algún secreto, y yo secretamente y en silencio asienta, cansada del mundo y de espaldas a la orilla. 

Que lo sé, lo sé desde hace tiempo. He sido cómplice de mis quimeras. Es esta agua el agua de un recuerdo que tercamente envuelve mi rutina; es otro mar pisando mis pisadas; no hay hoy ni ayer, son otros días.

Aunque ¿sabes, Nostalgia? Ya ni quemas ni amargas. Pobre infeliz, que ya ni tiras... Así que ponte cómoda, anda, hay hueco en mi espalda.

Pero quietecita eh,
que el atardecer quiero verlo tranquila.

12 de septiembre de 2012

Colonización

Vienen a asaltarme las preguntas
ahora que el silencio me sonríe
y yo sonrío al silencio.
Agradezco que sean pertinentes.

Baja la luz mientras crece la imagen
que es color y es líneas
y es, a ratos, simplemente 
esencia abstracta o intuida.

No me asomo a su fondo, 
hace ya tiempo
que conozco muy de cerca
las tres letras.

Letras, nombre, definiendo cada forma,
y en las formas,
los callados sentimientos.

Baja ahí fuera la luz
y ahora, a este lado
se funde, caprichosa, mi bombilla,
para dejarme a oscuras con la imagen,
a solas con las letras
de su nombre muy muy nítidas.

Qué luz tendrá ella en este instante,
qué expresión poblando sus silencios.
Cómo puede ser tan, pero tanto…
                     
                                 para quién se escriben estos versos.

8 de septiembre de 2012

El mundo a una mujer

Mañana, cuando todos se hayan ido.
Cuando el velo del otoño se pose en tu ventana
para guardar tu tarde y tus latidos.
Cuando el mar perfile en tu mirada un horizonte llano,
gimiendo un nombre en nombre de tu aliento
en el lenguaje oculto que los demás ignoran.

Mañana cuando la brisa te invoque mujer,
no madre ni esposa ni hija;
y en tu suspiro cuelgue una nota osada y melancólica
al amparo de una canción prohibida.

Cuando se torne negro el marrón de tu esquina,
dejándote a solas —y a solas para ambos—,
te hablaré de ti, de tu cuerpo, tus ojos;
te hablaré de mí: este mundo salvaje
que a veces se te escapa por dentro y te disipa.

Prometo besarte fuerte para que vuelvas a quererme.

Pero ahora vete. Ve con ellos,
con tu sonrisa radiante y tus palabras medidas.

Anda, ve. Que ya hablaremos mañana, mujer.

Cuando todos se hayan ido.






5 de septiembre de 2012

Antiguas sorpresas

Venía yo pensando en lo duro de las relaciones humanas.
En todo ese humo virulento que dejan a su paso. 
En las lágrimas secas. Los rencores. 
En el olor asfixiante de pieles que fueron deseadas. 
En el tedio. Las ventanas. 
En los dedos culpables del placer amargo. 
En los ojos vacíos y el maquillaje inmutable. 
En lo hermético. 
Los chalecos, la bala frustrada, y tu risa de imbécil.

Venía yo pensando en que duele, que duele y que duele, y que para cuatro sonrisas sinceras y cinco mariposas, no renta.

Pensaba yo desde mi abrigo, sobre el crujido de mis pasos, sobre el otoño: “no me desangran más, que a lo tonto me seco y ni de broma”.

Y en éstas estaba, súper absorta, de paseo por el mundo un día más o un día menos, cuando de pronto y sin buscarlo apareciste.