Venía yo pensando en lo duro de las relaciones humanas.
En todo ese humo virulento que dejan a su paso.
En las lágrimas
secas. Los rencores.
En el olor asfixiante de pieles que fueron deseadas.
En el
tedio. Las ventanas.
En los dedos culpables del placer amargo.
En los ojos
vacíos y el maquillaje inmutable.
En lo hermético.
Los chalecos, la bala
frustrada, y tu risa de imbécil.
Venía yo pensando en que duele, que duele y que duele, y que para cuatro sonrisas sinceras y cinco mariposas, no renta.
Pensaba yo desde mi abrigo, sobre el crujido de mis pasos, sobre
el otoño: “no me desangran más, que a lo tonto me seco y ni de broma”.
Y en éstas estaba, súper absorta, de paseo por el mundo un día
más o un día menos, cuando de pronto y sin buscarlo apareciste.
Joder.
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