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22 de septiembre de 2012

Resurges

Resurges. Naturalmente, porque en realidad nunca has muerto. Y de pronto el susurro de esta arena me agarrota los sentidos. 

Acúname, bésame el alma unos instantes mientras esta brisa antigua me sople algún secreto, y yo secretamente y en silencio asienta, cansada del mundo y de espaldas a la orilla. 

Que lo sé, lo sé desde hace tiempo. He sido cómplice de mis quimeras. Es esta agua el agua de un recuerdo que tercamente envuelve mi rutina; es otro mar pisando mis pisadas; no hay hoy ni ayer, son otros días.

Aunque ¿sabes, Nostalgia? Ya ni quemas ni amargas. Pobre infeliz, que ya ni tiras... Así que ponte cómoda, anda, hay hueco en mi espalda.

Pero quietecita eh,
que el atardecer quiero verlo tranquila.

12 de septiembre de 2012

Colonización

Vienen a asaltarme las preguntas
ahora que el silencio me sonríe
y yo sonrío al silencio.
Agradezco que sean pertinentes.

Baja la luz mientras crece la imagen
que es color y es líneas
y es, a ratos, simplemente 
esencia abstracta o intuida.

No me asomo a su fondo, 
hace ya tiempo
que conozco muy de cerca
las tres letras.

Letras, nombre, definiendo cada forma,
y en las formas,
los callados sentimientos.

Baja ahí fuera la luz
y ahora, a este lado
se funde, caprichosa, mi bombilla,
para dejarme a oscuras con la imagen,
a solas con las letras
de su nombre muy muy nítidas.

Qué luz tendrá ella en este instante,
qué expresión poblando sus silencios.
Cómo puede ser tan, pero tanto…
                     
                                 para quién se escriben estos versos.

8 de septiembre de 2012

El mundo a una mujer

Mañana, cuando todos se hayan ido.
Cuando el velo del otoño se pose en tu ventana
para guardar tu tarde y tus latidos.
Cuando el mar perfile en tu mirada un horizonte llano,
gimiendo un nombre en nombre de tu aliento
en el lenguaje oculto que los demás ignoran.

Mañana cuando la brisa te invoque mujer,
no madre ni esposa ni hija;
y en tu suspiro cuelgue una nota osada y melancólica
al amparo de una canción prohibida.

Cuando se torne negro el marrón de tu esquina,
dejándote a solas —y a solas para ambos—,
te hablaré de ti, de tu cuerpo, tus ojos;
te hablaré de mí: este mundo salvaje
que a veces se te escapa por dentro y te disipa.

Prometo besarte fuerte para que vuelvas a quererme.

Pero ahora vete. Ve con ellos,
con tu sonrisa radiante y tus palabras medidas.

Anda, ve. Que ya hablaremos mañana, mujer.

Cuando todos se hayan ido.






5 de septiembre de 2012

Antiguas sorpresas

Venía yo pensando en lo duro de las relaciones humanas.
En todo ese humo virulento que dejan a su paso. 
En las lágrimas secas. Los rencores. 
En el olor asfixiante de pieles que fueron deseadas. 
En el tedio. Las ventanas. 
En los dedos culpables del placer amargo. 
En los ojos vacíos y el maquillaje inmutable. 
En lo hermético. 
Los chalecos, la bala frustrada, y tu risa de imbécil.

Venía yo pensando en que duele, que duele y que duele, y que para cuatro sonrisas sinceras y cinco mariposas, no renta.

Pensaba yo desde mi abrigo, sobre el crujido de mis pasos, sobre el otoño: “no me desangran más, que a lo tonto me seco y ni de broma”.

Y en éstas estaba, súper absorta, de paseo por el mundo un día más o un día menos, cuando de pronto y sin buscarlo apareciste.