Etiquetas

10 de febrero de 2013

Paréntesis

Me envuelve de repente el sinsentido de estas horas que prometían tarde y sin querer son noche. Y no busco razones ni orden ni busco nada más allá de las líneas que me acompañan de vuelta. Todo teñido de absurdo por este tiempo imprevisto: una propuesta impulsiva, unas urgidas cañas, la conversación decisiva de lo que soy ahora mismo.

Aquel negro en la esquina del metro que ha adornado mis pasos con su música extraña me va llenando el recuerdo, como lo llenan mis pasos de hace unos segundos.

Voy prácticamente pisándome el pasado, mi pasado inmediato, como una infalible sombra, mordiéndome mi presente, silenciosa, robándomelo.

Voy sobre líneas de luz, de noche y despoblada carretera, gozando del anonimato y de la absoluta ausencia —no hay preguntas, no hay respuestas, no hay palabras, no hay un ápice de certeza ni ningún pesar—.

Voy dirigida, sin que yo me dirija, hacia esa vida que entiendo al otro lado del tiempo, que borrará este otro y lo achacará a las cañas, y en unos instantes me devolverá mi nombre.

Voy hacia esa parte de mí que sí conozco y donde puede que aquel negro ya no exista. Ni las líneas, ni la ausencia, ni mi ladrón pasado.

El sabor dominándome de lo que queda en paréntesis.

Y en su cerrada niebla, este espacio sin dueño.